Ni rastro de la FeliZidane de antaño

Se fue. Se fue cuando el equipo estaba en lo más alto. 3 Champions seguidas era algo impensable en 2015. Para cualquier equipo. Pero se consiguió. Y fue en parte gracias a él. Así y todo, se fue.

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Pero volvió. Volvió porque le necesitaban. Porque le dijeron que le necesitaban. Igual que Christian Bale en las películas de Christopher Nolan, volviendo a esa ciudad que tan poco le había dado, que tanto le había exigido y que tanto daño le había hecho. Batman volvía a Gotham porque era lo que tenía que hacer. Y eso debió pensar un Zidane que cogió las riendas de un equipo tras 2 entrenadores despedidos en la misma temporada, con el equipo muerto y fuera de toda lucha.

Pero el Zidane del triplete era un Zidane feliz, un Zidane suertudo, un Zidane que regaba a diario la flor que le permitió esquivar tantos apuros. Esas decisiones tan cuestionables que otrora salían bien, ahora no había por dónde cogerlas. Jugadores reventados, sin objetivos ya, arrastrándose por el terreno de juego. Pero, bueno, era incluso normal. Un año de transición. El curso que viniera sería mejor.

Y llegó la famosa época del año que tanto aficionado blanco espera con la misma ilusión con la que un niño se acuesta la noche del 5 de enero. Llegó el mercado de Verano. Y el Madrid fichó. Vaya que si fichó. Más de 300 millones gastados en cosa de dos semanas en 5 jugadores. No pintaba mal. El problema era el exceso de plantilla: demasiados jugadores para ser un equipo de fútbol europeo, casi con cifras más cercanas al fútbol americano. Así pues, había que aligerar plantilla.

Y así se hizo: jugadores cedidos, como un Reguilón que le luchó de tú a tú a un Marcelo que veía cómo sus minutos se acababan; un Ceballos que fue la estrella del Sub-21 que estaba teniendo lugar mientras se negociaba su salida; jugadores vendidos, como un Llorente que ha dividido a la afición o un Raúl de Tomás que te podría haber servido para momentos puntuales, a coste mucho menor que el recambio que, parece, te has traído.

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Pero el problema no es ese. Es que todavía sobra gente. Nombres del calado de Isco o James abren todos los días cualquier informativo deportivo anunciando posibles salidas. Pero, quizá, el más sonado sea Bale. Un Bale que ha sufrido como nadie el látigo de la indiferencia de Zidane. El 21 de Julio sorprendía a todos con una lapidaria frase: “Si se puede ir mañana, mejor”. El técnico decía esto minutos después de que el galés no se hubiera ni vestido para su primer amistoso en tierras americanas. 2 días después, el mismo jugador que Zidane quería fuera cuanto antes, mejor, marcaba un gol y hacía un buen partido.

El culebrón veraniego todavía tiene entregas que ofrecernos, pero sobre todo preocupa el ambiente que pueda haber en ese vestuario. La FeliZidane que tan sencillo lo hacía todo hace 2 temporadas parece haberse esfumado junto con los 50 goles que te daba Cristiano Ronaldo. Veremos si este año es sólo el buen rollito lo que se ha esfumado o si también sigue brillando por su ausencia la famosa flor de Zidane…