Que la noche en Lille no sea un amargo recuerdo

Siento ser negativo o agorero, pero quiero explicar un contexto que no se va a leer, escuchar o ver en la previa del Ajax-Valencia, y que es realmente importante para tener en cuenta. Si no quieren ser pesimistas, no lean estas líneas.

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Si William Shakespeare fuera valencianista estaría pendiente de esta última jornada del Valencia en Liga de Campeones. El conjunto valencianista se juega el ser o no ser en Europa, se juega la clasificación para los Octavos de Final de la Champions League. Se juega la vida, que dirían los sabios románticos del viejo continente.

Los de Celades visitan el Johan Cruyff Arena de Amsterdam para enfrentarse al Ajax en un duelo en el que ambos se juegan mucho (quizás demasiado, más de lo pretendido por sus corazones y su tensión) en la última jornada de la Fase de Grupos. Las opciones de ambos equipos de estar en la siguiente ronda pasarán por este encuentro, pasarán por ganar estos 3 últimos puntos, convirtiendo lo que en principio podría ser un atractivo partido europeo en un auténtico duelo fratricida para ambos. Vencer o morir deportivamente hablando.

La igualdad máxima del Grupo H ha potenciado un escenario muy competitivo para esta última jornada en la que ni Ajax, ni Valencia, ni Chelsea, están clasificados matemáticamente. Una jornada que partirá con Ajax primero y Valencia segundo, pero con un Chelsea empatado a puntos con los valencianos que planteará una noche de nervios, emoción y (gracias) de radio para estar pendientes de lo que ocurra en Amsterdam entre Ajax y Valencia, y en Londres entre Chelsea y Lille.

Si el Ajax gana, está dentro. Si el Valencia gana, está dentro. El Chelsea, en cambio, deberá ganar a un ya eliminado Lille y esperar que el Valencia no lo haga ante el Ajax.

A priori, el Valencia debería tener la situación controlada pese a la igualdad vertiginosa, ya que dependen de ellos mismos al no haber perdido ninguno de sus enfrentamientos contra el Chelsea (0-1 en Stamford Bridge y 1-1 en Mestalla). Es decir, en caso de empate entre valencianos y londinenses, los de Mestalla tendría terreno ganado. Pero el escenario del empate es una alternativa más de un contexto que no es tan sencillo y, por ello, hace de la sexta y última jornada del grupo un auténtico laberinto.

¿Qué debe hacer el Valencia en Amsterdam? Igualar o mejorar el resultado del Chelsea. Si el Chelsea gana al Lille, el Valencia debe ganar al Ajax. Si el Chelsea empata contra el Lille, el Valencia deberá empatar o ganar. Una derrota del Valencia y cualquier resultado que no sea derrota de los de Lampard, daría el pase a los ingleses.

A priori, un escenario que tiene doble punto de vista. Por un lado, el Valencia tiene la sartén por el mango. Si ganan, están clasificados como primeros de grupo. No hay más. Pero por otro lado, el destino ha calendarizado que la última jornada sea ante un Ajax que tampoco tiene el pase sellado, que tiene un enorme potencial y que será una de las pruebas más complicadas de la temporada valencianista. Es como si te dicen que has llegado vivo a un territorio virgen sin descubrir, pero que para entrar debes sobrevivir nadando a un tiburón hambriento. Sí, has llegado vivo a esa isla que nadie conoce, pero tienes que sobrevivir a un animal que te espera con ganas. Algo así.

Pero ya me conozco cómo funciona esto. Si el Valencia cae eliminado saldrán las protestas, saldrán los análisis del partido contra el Ajax, incluso me temo que habrá alguna jugada polémica (por mínima que sea) a la que muchos se aferrarán. “Es que era penalti”, gritarán. “Es que nos han robado”, asegurarán. 

Pero, ¿sabéis qué? Al Valencia le ha ocurrido algo muy parecido a lo que le pasó la temporada pasada, cuando estuvo cerca de clasificarse en un grupo con rivales de la talla de Juventus y Manchester United en el que la eliminación se produjo en gran parte por un tropiezo en Suiza ante el Young Boys, un rival a priori inferior. Aquel tropiezo marcó el destino valencianista. Y este año ha ocurrido algo similar.

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El Valencia fue incapaz de ganar al Lille en uno de los peores encuentros valencianistas de la temporada. Aquella noche se dejaron escapar dos puntos que serían oxígeno puro ahora mismo, y entonces nadie se acordará de aquello en caso de una hipotética eliminación valenciana. Dios no lo quiera, claro está, pero ya nos conocemos, amics.

El Valencia hace frente a una noche de esas que muchos quieren y desean que sea vibrante, emocionante, de esas que al meterte en la cama se convierte en una batalla personal contra el sueño por la adrenalina todavía candente, todavía latente. Una noche de esas que te hacen sentir orgullo por unos colores. Pero al mismo tiempo hace frente a una noche de previas tensas, emocionantes, llena de nervios, sabiendo, siendo conscientes, que un tropiezo puede dejarte fuera sobre la bocina, en la orilla, como (perdón por recordarlo de nuevo) pasó la temporada pasada.

El año pasado fue el Young Boys. Este año ha sido el Lille. El Valencia creciéndose ante los grandes, plantando cara en las grandes citas, pero tropezando con el escalón aparentemente más pequeño. Ha vuelto a ocurrir. Un tropiezo que puede marcar el destino final de este equipo en Europa, que puede ser determinante para estar en Octavos de Final de la Champions League o caer relegado a la Europa League. El “partido de los doce millones de euros”, dicen, haciendo referencia al enorme volumen económico que supondría para las arcas estar entre los 16 mejores equipos del viejo continente.

El Valencia lo tiene en su mano, pero tiene uno de los exámenes más exigentes del curso. Dependen de ellos mismos. Los que deben esperar noticias de terceros estarán en Londres, en Stamford Bridge, en un estadio donde aparentemente el Chelsea debería ganar al Lille siguiendo la lógica. Pero también era favorito el Valencia, y tropezó.

Por ello, calma, tranquilidad. Primero la A, luego la B, y así hasta el final. Pero, insisto, que luego la polémica no inunde el escenario, que no se ensucie todo de barro artificial en caso de derrota y eliminación. La noche ante el Lille marcó el destino valencianista, para bien o para mal.